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sábado, 3 de julio de 2021

"Ecuador" - Benjamín Prado

 


Hace falta la noche para ver las estrellas.

Igual que ayer, hoy busco -lo dijo Juan Ramón-
una verdad aún sin realidad;
busco en la tinta verde de todo lo que escribo
un planeta sin nombre o una jungla perdida.

Y hace falta la noche.

Yo me siento en las sombras,
prendo un fósforo,
tallo mis esmeraldas, construyo mis panales.
Todo es igual y todo es diferente.

La vida,
que fue un río,
es ahora un océano,
el pasado es la arena y el agua es el futuro.

Hace falta la noche.

Todo está en mí
lo mismo que un clavo en la madera:
cada paso en la nieve,
cada luz apagada,
cada piel encendida.

martes, 15 de marzo de 2016

"Lo mismo y lo contario" - Benjamín Prado

Lo contrario de un hombre límpio es el agua sucia.
lo contrario del mar es una mujer cieja.
El que derriba un puente, construye un precipicio
Las cicatrices son golpes que no se olvidan.

Hay verdades sin límite
y hay cosas que se acaban:
 los ríos son Machado;
yo te amé a tumba abierta,
los alacranes brillan a la luz de la luna
y después son , de nuevo, venenosos y oscuros.

Es así, tan sencillo.

Luchar por las cenizas es renunciar al fuego.
Una palabra dicha es un pájaro que vuela.
Tu muerte está debajo de mi piel
lo mismo que un insecto es un vaso volcado.

¿Qué más puedo decirte?
que yo te ame de norte a sur,
sin fondo,
con uñas y con dientes,
sin secretos,
sin trampas.
Que no he querido oir  una vez más tu voz,
ni mirar nuestras fotos,
ni verte acariciando con tus dedos azules
a los perros que comen las sobras de tu vida.

Yo sólo quiero oscuridad y humo.
Yo he venido a decir que te he olvidado,
que volveré a olvidarte cada día,
cada uno de los días de mi vida.

lunes, 30 de marzo de 2015

"El enamorado (IX)" - Benjamín Prado


Me acusas de quererte demasiado,
de que mi amor no ceda su sitio a la costumbre,
de desearte igual que el primer día.

Me pides más frialdad y el mismo fuego;
menos palabras dulces
y a la vez
que recuerde
que sin ti el sol / son / sólo
las tres primeras letras de la soledad.

Y yo,
que fui aquel cínico
para el que la certeza
no era más
que una de las opciones de la duda
y la verdad un cabo suelto de la mentira;
el que se conformaba con mujeres
de las que hoy sólo importa saber que no eran tú,
hoy no quiero otra cosa que amanecer contigo
cada día
con llamas en los ojos,
sin besos burocráticos,
seguro
de que nada urge tanto como no cambiar nada
y seguir junto a ti.

Pero no te confundas:
yo te ofrezco
avanzar sin llenarnos de caminos andados;
no ser nunca
los que al llorar escriben su nombre sobre el agua,
los que al reír
convocan
la tristeza a sus labios;
los que sienten el frío debajo de la piel.

Yo te lo ofrezco todo.
Pero no pidas menos,
mi amor,
ni te equivoques:
si me das a elegir entre perderte
por completo o estar conmigo en parte,
voy
a decirte
adiós.